EL RINCÓN DEL LEBANIEGU
 
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EL RINCÓN DEL LEBANIEGU
EL RINCÓN DEL LEBANIEGU
 
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Gildo, hestóricu guerrilleru tresvisanu y lebaniegu.
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“AÑOS 60 CUANDO LA VIDA DE UN NIÑO VALÍA 2.000 PTAS.”


--Han vueltu a subir el cine; como esto siga así dentro de pocu no van a poder ir na más que los millonarius…
En el año 1963 la entrada al cine de Potes había subido a 2`50 pts. Conseguir aquella famosa moneda de cobre que equivalía a dicha cantidad, no siempre era una tarea fácil, mucho menos para un niño con unos cuantos hermanos más pequeños y con una edad (12 años) que no permitía grandes dosis de independencia económica… más bien ninguna.
- Pos dan una película buenísima pa´l día de la feria de Agosto. No me la puedo perder.
En Potes había muy pocas ofertas para el ocio; casi todo había que inventárselo El cine (y una película medianamente aceptable) era casi lo único a lo que aspiraba un muchacho como Laro, fuera de los juegos típicos y tradicionales.
- Pos ya sabes lu que ties que jhacer si quiés ir al cine. Un sacu de corchos está vendíu pa “ Dña. Fulana”. Te vas al monti, lu atropas, se lu llevas y de las 8 ptas. que vale, 5 pa ti y tres pa Chelí que vaiga contigo.
La oferta no es mala. La mayoría de las veces, el dinero hacía falta en casa para el mantenimiento de tantos niños. No se entienda esto como si fuese una explotación infantil; simplemente las cosas eran así, y era lo más normal entre las familias menos pudientes de Potes.
- Tratu jhechu… mañana madrugamos un pocu, y pa las 12 lo más tardar tenemos el dineru pa´l cine.
Lo normal cuando se iba a por corchos secos, era ir a Tolibes. Allí hay un montón de azufras (Alcornoques) que tiran muchas ramas secas. La parte interior de estas ramas caídas se descompone con el tiempo quedando el canuto hueco. Este canuto es de corcho y arde muy bien, por lo que se utilizaba para comenzar el fuego de las cocinas económicas. Era una materia energética que no abundaba demasiado, por lo que se conseguía un precio aceptable por cada “sacu corchos.”
- Yo creo que pa un sacu solu no nos jhace falta llegar hasta Tolíbes, Chelí. Buscamos p´aquí, en Camarines, en aquellas azufronas. Si vemos que no lus hay pol suelu, ya me subo yo a los árboles y lus hecho abajho- decide Laro a su hermano más pequeño.
Las prisas nunca han sido buenas consejeras para nada; y ya se sabe aquello de que “cuánto más deprisa más despacio…”
La búsqueda de las cañaveras comenzó infructuosa totalmente. A alguien se le había ocurrido la misma idea que a Laro, sin duda. Es necesario arriesgar.
Una rama seca de un árbol no demasiado grande anima las perspectivas de Laro. Con un simple impulso desde el suelo puede colgarse de ella y hacerla caer…
Un intento, la rama está lo suficientemente firme como para aguantar el peso de Laro. No cae.
Segundo intento saltando más alto y dando un fuerte impulso al caer. La rama cede y ambos, rama y Laro, caen estrepitosamente al suelo. Al caer resbala en el terreno muy irregular y pega de espaldas ante las risotadas de su hermano pequeño.
Algo raro ha pasado… intenta levantarse y no lo consigue. Algo lo tiene amarrado, clavado al suelo.
- No te rías, Cheli, ayúdame a levantame. Algo se me ha clavau en la espalda.

La risa se le corto en seco. Cheli intuyó algo grave en la situación y comenzó a llorar desconsolado.
- Venga, home, déjate de llorar y ayúdame a levantame. Dame la mano y tira tó lo que puedas p´arriba.
Algún leñador había estado allí y había cortado una rama con el hacha dejando un trozo muy puntiagudo. La rama, desafortunadamente, se había clavado en la espalda de Laro profundizando peligrosamente.

- Vamos pa casa Cheli, creo que me he jhodíu bastante.

Desde Camarines hasta Potes hay una distancia de unos dos km y medio aproximadamente. Laro sabía que el reto de llegar cuanto antes para que lo curasen no iba a ser pequeño: ¡UFF! Menos mal Manel, el de Cayo, estaba cuidando las vacas en el “prau de abajo” de Camarines. Manel era una persona mayor y sabría que hacer.
- Manel, mira que me he caídu de una zufra y me he clavau un palu por la espalda; me dueli muchu y no se sí voy a ser pa llegar a casa, ¿me podías bajhar montau en el burru?.
- Home, coño, Laro... como voy a dejhar las vacas solas…
(A Manel el de Cayo siempre se le tuvo como un gran amigo de la familia de Laro. Este hecho, sin duda por no saber la gravedad del asunto, no cambió el sentimiento hacia él.)
Ya llegan a la fuente Otero. Cheli ya no llora, está demasiado acojonado como para perder el tiempo llorando.
- Venga, que ya llegamos… enseguía vamos a la botica y te curan.
- Adelántate un pocu y avisa en casa que me he caidu. No le digas a mama lo que me ha pasau, ya sabes cómo se pone por na.
La madre era de esas que se denomina “madrazas” era como una gallina clueca que comenzaba a chillar y a “picotear” al menor atisbo de daño a sus polluelos. El aviso sirvió de poco. Cuando Laro apareció por la entrada de La Solana, su madre debió darse cuenta de la gravedad y comenzó lo que se temía:
- ¡Virgen Santísima! Qué te ha pasau… ¿te has rotu un brazu?… Venga ahora mismu pa la botica pa que te lu vean…
El barrio se asomó a las ventanas escandalizado por la alarma de la madre. Todos querían saber lo que le había pasado; pero Laro ya tenía pocas energías para poder satisfacer la curiosidad de sus vecinas.
La botica de Soberón estaba abarrotada de paisanos que habían bajado a la Feria. La madre de Laro da cuenta a María, la esposa de Soberón que también despachaba ese día en la botica, junto con Jandro y el propio Paco Soberón, de lo que le había pasado a su hijo.
- Ahora mismu lu atendemos. Que se siente en una silla mientras viene el médicu pa que se lu vea.
Los minutos se eternizan; la postura de sentado no favorece en nada para mitigar el dolor, ya lacerante, que Laro sentía. La noción del tiempo y lugar comienzan a difuminarse en la mente de Laro. El “guirigay” de tantas personas hablando a la vez, parece que viene de un lugar muy lejano… Ya casi era un murmullo ininteligible… el suelo comienza a dar vueltas.

-- Me voy a caer de la silla… no me faltaba más que dame otru porrazu…- pensó - Por si acasu me voy a tumbar en el suelu y así por lo menos no me caigo.
La sensación de frescor de las baldosas le proporcionó una gran sensación de alivio. Tumbado en el suelo boca abajo remitió mucho el dolor. ¿O quizás ya no le dolía?.
Cuando la madre llegó con un médico ya estaba tumbado en una camilla que la botica tenía dentro de un cuartuco para los casos de emergencia. Alguien, de los que estaba en la botica, se dio cuenta de que había un niño sangrando por la espalda y tumbado en el suelo.
El médico que la madre consiguió encontrar después de grandes esfuerzos, fue el Dtor Pagaza. Pagaza inundó con su enorme altura el cuartuco de emergencias. A Laro nunca le había gustado aquel hombre, distante, que parecía mirar a los demás como a seres inferiores y que lucía un enorme mostacho de morsa que le parecía horroroso estéticamente.
-¡¡Bah!! No paece gran cosa,- sentenció cuando escuchó el relato de lo acontecido en el monte- que le pongan la inyección del tétanu y a dormir a casa. Así aprenderá a no esquilase a los árboles.
La llegada de la noche revolvió los sentidos lacerantes y Laro ya no sabía qué postura tomar. La jodida inyección del tétanus dolía también como una condenada. La fiebre debía de ser altísima para que ya el padre de Laro entrase a tomar determinaciones drásticas.
- Esti chiquillu está mu mal; voy a hablar con Don Jesús el médicu a ver si quié venir pa vele.
Don Jesús era todo lo contrario de Pegaza. Era un hombre ya de bastante edad (ya estaba rebajado de servicio) con una fisonomía que daba confianza. Caía bien a primera vista por su cara amable, su estructura un tanto obesa y su mirada noble y compasiva.
- Coño… esti criu esta ardiendo. A ver, vamos a levantar un pocu la venda. Pero coño, si se ha pinchau la pleura, si está respirando por la herida… Yo si fuera hiju míu ahora mismu lu llevaba pa Valdecilla. No vos quiero meter miedu; pero a mi me paece que si no se le lleva a Valdecilla el criu no pasa de mañana.
En Potes había un taxista que tenía una relación bastante fluida con la familia de Laro. El hecho de que no tuviesen dinero para pagar el servicio hasta Valdecilla no iba a añadir más problemas a los que ya existentes. Ya se lo pagarían cuando pudiesen.
Laro se metió a duras penas en el Daufine (el famoso coche de las viudas, como se le dio en llamar aquella marca de coche, Renaul, por el alto índice de accidentes que tenía) y antes de llegar a Tama perdió definitivamente la noción del tiempo y el lugar. No recobraría el conocimiento hasta el día siguiente que se despertó en una limpia cama de un pabellón de Valdecilla, en Santander.
Había muchas camas, todas iguales. Había varías monjas, unas vestidas de negro, otras de blanco, con unos gorros ridículos. También estaban sus padres sentados al lado de la cama. El padre de Laro tenía un gesto muy serio y sombrío. La madre lloraba y tenía síntomas de una gran preocupación.
- Por 2000 pts no van a dejhar morir a un hiju miu estas putas… antes revuelvo cielu y tierra.
- No sé lo que vamos a poder jhacer… desespera el padre.


Laro tenía una infección tremenda como resultado de la suciedad que había penetrado en la pleura a través del palo que se había clavado. Dicha infección sólo se podía atajar con la entonces incipiente medicina “milagro”: la Penicilina. Las monjas responsables del hospital les habían dicho que el tratamiento en cuestión costaba 2000 ptas; y que si no se pagaba por adelantado, no se lo pondrían. El resultado en caso de no aplicar urgentemente el tratamiento no admitía dudas: el chico moriría en poco tiempo.

El director de Valdecilla era Becedóniz. La madre de Laro había trabajado de doncella en casa de Becedóniz y en casa de los Rodríguez Parets (ambas familiares entre sí.) La relación que el buen hacer había cosechado perduraría durante muchos años. Pero en aquellos momentos la urgencia no debía contemplar ningún tipo de consideración o conveniencias. Simplemente había que actuar y pronto.
Los padres de Laro se personaron en la casa de Becedóniz, en la Avda. Menéndez Pelayo. Subieron las largas escaleras hasta llegar a la puerta del enorme chalet y contaron la situación.
El cambio de actitud del personal en Valdecilla fue absoluto. ¡Qué atenciones! ¡qué mimos le hacían a Laro en el momento que el Sr. Becedóniz dio la correspondiente orden:

- Pongan a este chico la medicina que precise; y que no le falte de nada. Me preocuparé personalmente de que esto se cumpla.

Una hija guapísima de Bezedóniz, (la llamaban Coco; Laro no entendía por qué, con lo guapa que era) le visitó al día siguiente y en días sucesivos. Las monjas se volvieron empalagosas de tanto preguntar si estaba a gusto, si deseaba algo más de lo que ya le ofrecían… una pasada.
Comenzó a mejorar rápidamente; demasiado rápidamente viendo el trato que le daban en el hospital. Coco llegó uno de los días con un regalo: una pistola de pistones… en aquel entonces era un regalo muy valorado; pero para Laro era mucho mejor regalo la visita de tan espléndida señorita. Durante mucho tiempo después de haber sido dado de alta, aquel enamoramiento platónico sería un precioso nido de ilusiones que pagaría con creces todas las vicisitudes que había pasado.


Jomis.
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DON MARCIAL

Otro personaje bastante relacionado con Juanín fue Dn. Marcial el de La Vega. Ya se le ha nombrado por alguien en este foro. Como quiera que también ha habido debate sobre la Caridad ( y las ONGs, llamada Acción Católica en los tiempos que relato) me he acordado de una anécdota familiar referida al cura Dn Marcial. Este cura es el que recogió todas las carteras de los viajeros que iban a Riaño en el coche de Elías Fernendez y las guardó bajo su sotana evitando así que Juanín y sus compañeros les quitasen el dinero que llevaban. La historia está perfectamente recogida en el libro de JUANÏN. ( esto nos demuestra lo falso de imputar una fobia especial de los emboscados por los curas. Diferente hubiera sido si en vez de Dn Marcial hubiese sido el “curón” de Bárago. Vamos con la anécdota:

Los tiempos no animaban a regalos ni a detalles. La consigna, casi exclusiva, era la supervivencia. A pesar de todo, alguna vez, la casualidad permitía alguna licencia agradable y se conseguía ofrecer el detalle.

Mi padre había estado trabajando en Sotres, y en los días que había estado fuera juntó algún dinerillo. Los asturianos eran buenos clientes. Traía además algunas cosas que consiguió al cambio. ( muchas veces se cambiaba el trabajo por cosas en vez de dinero) Había hecho una ganga con una calderuca de cobre. Estaba negra de hollín y bastante abollada, pero eso no suponía ningún problema. Limpiar cobre, latón, bronce etc. era una actividad que había llenado muchas perolas en nuestra casa. Las abolladuras no eran ningún problema para el mejor hojalateru de Liébana ( y parte del extranjeru) La calderuca quedó preciosa.

--- Cuantu me fastidia tener que deshacéme de esta calderuca tan guapa.--- mimosea mi madre.
--- Coño, pos no la vendas…. Abróchatela pa ti.

A mi madre se le agrandó la sonrisa. En sus sencillos y humildes sueños pensaría que una calderina tan guapa no la tendría ni el de La Casona, y puede que ni Dn Manuel Palacios… La colocó en un lugar preferente desde donde pudiese admirarla y lejos del alcance de la récua de chiquillos que pululábamos por la casuca de Valmeo.
Con qué esmero limpiaba su regalo; se reflejaban las caras en su brillo… Puede que no tuviese las suficientes sábanas para las camas y puede que las ropas y calzados no fuesen muy adecuadas ( ¿ quien las tenía entonces?? ) pero tenía su calderuca. Al menos los sueños estaban a salvo.

Sin sábanas se puede sobrevivir, y sin buenas ropas también; pero sin alimentos adecuados….

--- Los mis hijos no han pasau hambre nunca, y jamás la pasarán mientras yo tenga cinco deos en ca mano. Burros, gatos, erizos.. lu que haiga, piru hambre nunca…( al hilo de los burrines que comíamos tengo una anécdota muy entrañable cuyo protagonista fue aquel gran médico y persona que se llamaba Dn Eluterio. Ya os la contaré otro día)

El problema era la leche. Los pequeños necesitaban leche, y nosotros no teníamos ganado. Era complicado conseguirla.

--- El pequeñu se ha puestu malu; nos hace falta bastante leche pa curale. Dn Marcial ca vez exprime más la leche en polvu y corta más pequeñu el cachu de quesu de bola. Diz que somos muchos a repartir y ca vez lu mandan menus bidones de leche.
---- Bah. Haz casu de lu que diga Dn Marcial. Si va alguien con dineru ya verás que prontu apaece leche de sobra, y tiene quesos pa echalos a roar.
---- ¿ Tu cres que Dn Marcial vendería lo que le dan pa repartir entre los necesitaos??? ( se decía probes)
---- Qué inocente eres, Mariuca; pos claru que lu vendería.

Mi madre miró al niño enfermo y miró su calderuca. No le costó nada decidirse. Ella no tenía muchos estudios; pero dominaba el tratu ( el cambio) como pocos. Cogió la calderuca y se presentó en La Vega en la casa de Dn Marcial.
Cuando volvió a Valmeo bajaba cargada con leche en polvo y queso de bola para una temporada. A su niño ya no le faltaría la leche para curarse…

Alguna vez que subí a La Vega a por la bolsuca de leche y el trozo de queso de bola que los servicios “caritativos” de Acción Católica daba a las familias necesitadas, vi la calderuca de mi madre en el aparador que estaba situado al lado del cuartucho donde la hermana ciega de Dn Marcial exprimía su caridad.
Hace pocos días hemos recordado la anécdota mientras limpiábamos unas calderas de cobre que tengo de adorno.
--- La mi calderuca era muchu más guapa, Pepín---- (mi madre aún tiene la sonrisa amplia)
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DON EVENCIO Y LA PRECEPTORÍA DE POTES

Hace un tiempo, un forero de cuyo nombre no quiero acordarme, hizo insinuaciones sobre el hecho de que yo estudié en un Seminario; como si ello fuera una especie de privilegio. Quiero anteponer a mi historia de hoy, que no guardo absolutamente ningún rencor de mi época de Seminarista, es más, como ya comenté en otra ocasión en la historia del “curón de Bárago”, guardo relación y cierta amistad con antiguos compañeros y profesores. (curas, obispos y misioneros.)
Dicho esto voy a contar una anécdota de la época de la Preceptoria en Potes.
A la Preceptoria se llegaba por obligación, por “méritos” que de haberse sabido con antelación, a buen seguro que no se hubieran tenido en la mayoría de los casos. (en el caso mío por supuesto.)
D. Evencio González Bedoya recorría las escuelas de Potes y de los pueblos lebaniegos en busca de candidatos idóneos. Eran indispensables las buenas notas y tener unas dotes físicas aceptables. (El sistema era elitisca, y quien no superase los contenidos, simplemente quedaba expulsado.) Mis llantos no sirvieron de nada… mi expediente era tan bueno que no debería de seguir “perdiendo el tiempo” en la escuela Nacional, (La pública). Las perspectivas eran tan prometedoras y alagüeñas que mis padres no podían hacer otra cosa que obligarme a comenzar las clases en la Preceptoria de D. Evencio. Yo no tengo opción, tenga 9 años.
Ya estamos en el 2ª curso de la Preceptoría, al año siguiente me pasarán al Seminario. La mayoría iban a Corbán; a mí y a otros dos alumnos nos mandaron a Valladolid, no sé por qué. Estuve 4 años en los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, de donde me expulsaron por “falta de vocación”. (me negué a ir a misa estando estudiando para cura.)
Pero me estoy desviando de lo que quiero contar. Como decía, estamos en el 2ª curso. Dn. Evencio estaba este curso más violento que el anterior. Sus arranques eran más continuos y los alumnos de vigilábamos para escapar a tiempo de sus tremendas iras. Los pupitres pegados a la pared eran más valorados que los que estaban en la parte de fuera. Una de las costumbres que tenía D. Evencio era levantarse de improvisto, y arrancar como un huracán por el pasillo repartiendo mamporros a diestro y siniestro, nunca mejor empleados los términos… Los muchachos lo esquivábamos como podíamos; había que tener unos reflejos… bueno, todo es cuestión de práctica.
Los jueves por la tarde teníamos paseo. Solíamos ir a caminar a algún pueblo cercano o a Sto. Toribio. Este jueves se le ha cruzado la vena y nos ha quitado el paseo. Hay protestas… hay algarabía en las protestas. D. Evencio se queda de pronto pensativo, como transpuesto.
- Os propongo un trato – nos dice.
Bueno, al final parece que tenemos paseo.
- Que salga un voluntario. Yo intentaré hacerle llorar. Si no llora iremos de paseo; pero si llora no lo habrá. ¿aceptáis?.

Adiós paseo… conociendo a D. Evencio a ver quien es el guapo que sale voluntario. Yo tenía 10 años, y el mayor de la clase, no creo que superase los 13 años. Todos nos quedamos acojonaditos arrugados en nuestros pupitres. Ni siquiera lo mirábamos, por si acaso se le ocurría llamarnos.

- Sala.
- No. Padre, yo no quiero ir de paseo…
- Pero tus compañeros sí. Vamos sal al pasillo.

De perdidos al río; ya que me voy a llevar las tortas, por lo menos intentaré conseguir el paseo. No lloraré, lo prometo..
Dn. Evencio tenía muchas técnicas para el ataque, pero los muchachos conocíamos prácticamente todos. Una que le gustaba mucho era mandar ponerse firme, y se hacia el disimulado… de pronto barría con su enorme pie el suelo y pegaba en el pie del que estaba en posición de firme. El incauto caía estrepitosamente ante el jolgorio de Don Evencio y algunos de sus alumnos “enchufados”. Ni las tretas ni los mamporros hacían mella en mi decisión de no llorar. Se empleó a fondo; pero el paseo estaba ganado…
De pronto se queda muy serio. Parece que no le ha gustado eso de que le aguanten toda la violencia sin siquiera rechistar, sin un quejido, sin un solo ¡Ay! Cambia de táctica…
- Ponte de rodillas, Sala.
¿Qué vendrá ahora? pensé yo.

Alli, de rodillas delante de los compañeros, delante de un crucifijo y delante de aquella figura extremadamente delgada vestida con sotana negra, un niño de 10 años obligado a asistir a aquel tipo de “enseñanza”, comenzó a llorar de rabia oyendo las barbaridades que salían por la boca del “representante de Dios en la tierra”:

- Tu padre se condenará… todos sabemos que es un rojo comunista que nunca va a misa…. ( “rojo comunista” de entonces ,es el equivalente al “etarra terrorista” de ahora) Y a ver si le dices que pague las mensualidades de preceptoría… ( La Preceptoría era de pago)

La humillación me duró meses; no me atrevía ni a mirar a mis compañeros. Recuerdo que muchos de ellos me daban ánimos, y yo sentía mucho agradecimiento hacia ellos.

Por fin, Dn Evencio tuvo un rasgo de humanidad, y a pesar de haber ganado su reto por haberme hecho llorar, nos concedió ir de paseo aquel jueves. Fuimos a Sto Toribio, y como siempre , cuando pasabamos a la altura de Mieses, nos formó en fila de a dos y cantamos aquella canción tan repetida en la época :

“La mirada clara y lejos ….. y la frente levantada …… voy por rutas imperiales …. Caminando hacia Dios.
Montañas nevadas, banderas al viento”…..( los muchachos no teníamos ni idea de lo que estabamos cantando)

Los altos de Fuente De estaban nevados; hay nieves perpetuas. Yo no tenía frío exterior, casi nunca tenía frío por fuera…..
El curón de Bárago

Si bien la historia absolutamente real que voy a contar dejará al descubierto la forma de actuar condenable, bajo mi punto de vista, de algunos…. muchos…. demasiados miembros de la Iglesia Católica ( entiéndase los ministros, no los fieles) es justo que anteponga a mi historia la seguridad de que también hay dentro de ésta misma Iglesia personas que actúan de un modo mucho más acorde con el Evangelio que predican. Me acuerdo, a bote pronto, de un Obispo que fue profesor mío y que está dejando su vida a jirones entre las necesidades, antes Españolas, ahora Venezolanas. Se llama Ramiro, y desde aquí quiero mandarle un abrazo de agradecimiento porque él sí que intenta llevar el mensaje de Jesucristo como “dios manda” ( Yo soy ateo )
El “curón de Bárago” era grande como un eclipse. La metáfora no es producto de mi imaginación, sino de un hecho que se produjo en Valmeo cuando yo tenía 4 ó 5 años.
Vivíamos??? en una casa de piedra que tenía una capillita al lado (la casa se derrumbó en una terrible noche que también recuerdo; y sólo queda un arco de piedra que pertenecía a la capilla) Mis padres tenían que salir a buscar la “cagá del lagartu”, como se expresaba en mi casa al hecho de buscarse la “habichuelas”, y quedábamos en casa una recua de chiquillos que cuidaba como podía mi hermana mayor ( yo soy el séptimo, y había entonces al menos dos más en casa)
Llaman a la puerta; y al abrir aparece una gigantesca nube negra que tapa incluso el dintel. Era todo negro, el sombrero era negro, su mirada era negra…. su voz era negra…..; salí corriendo llorando y chillando como un poseso .Estaba seguro de que se trataba del famoso “sacamantecas o del Ojancano que se comía a los niños. Mi hermana sale en mi defensa y pregunta al intruso:
---- ¿qué desea usted, padre? (encima “padre” )
---- ¿ están tus padres en casa?—pregunta el curón
---- No señor, estan en “tal pueblu” trabajando.
----Pues vengo a llevame el arca de nogal pa cobráme el intierru del amu de la casa. ( la casa en cuestión estaba cedida por un caballero a mi padre; el alquiler casi nunca lo cobraba además de ser símplemente testimonial. Este hombre sabía el sentido de la “caridad” a pesar de no ser cura; era “rojo” también. Había muerto hacía poco)
---- Venga usted cuando estén mis padres y arréglelo con ellos. Además en el arca tenemos unas legumbres y unos pocucos garbanzos pa comer.
----Pues échalos donde puedas, porque el arca me la llevo
Como viera que mi hermana no vaciaba el arca, simplemente, lo cogió, lo dio la vuelta y tiró su contenido en el suelo. Seguidamente se echó el arca al hombro y se alejó de la casa…. Jamás he podido olvidar la sensación de rabia e impotencia infantil de ver aquella bestia negra alejarse con nuestra arca de nogal y con nuestra dignidad mancillada.
Mi padre no tenía opción a la protesta puesto que estaba en “libertad condicional” por su participación en la guerra a favor de la República y la Democracia. Cuando mi madre intentó reclamar sus derechos lo único que recibió fueron amenazas de represalias y posibles actuaciones contra su marido.
El curón de Bárago era el encargado de la sección falangista dedicada a la recaudación de alimentos para el ejército, la guardia civil etc ( “los de abastos”) No estoy seguro; pero creo recordar que también colaboraba con los Somatenes en aquella actividad con la que tanto disfrutaban : “el paseillo”.
Espero que su dios le haya premiado como se merece. Yo ya no le guardo rencor, simplemente le desprecio. Ya puedo decir que no le odio; pero tampoco le temo.
EL MONO CON CREMALLERA

Era un lunes de feria en Potes. Taquio el “ caldereru”, el señor Eustaquio para otros, mi abuelo para mí, martilleaba en la puerta de su casa adosada al Puente San Cayetano (lo que ahora está restaurada y llaman “Hojalatería”)
La Hojalatería de Taquio el caldereru era el “oraculo” de los paisanos que bajaban de los pueblos altos y tenían algún tipo de problema. Lo normal era que viniesen con un problema y marchasen con dos…, pero por alguna extraña razón, las consultas no cesaban. En la familia, en días de celebraciones, solemos reír mucho recordando “historietas” del abuelo Taquio. Compartiré una de ellas con vosotros.
Aquel lunes estaba mi padre ayudando a Taquio puesto que había acumulación de trabajo. Taquio sólo era un “peligro”, si mi padre estaba cerca, aquello podía ser apoteósico.
Se acerca un paisanucu; es de los Ílces; un pueblito cercano a Espinama (Íces = encinas; dato para los filólogos. En el entorno del pueblo se entiende el topónimo perfectamente.)
- Sr. Eustaquio, me da un pocu vergüenza… pero es que tengo un problema.
- ¿Qué te pasa, home, cuenta lo que sea que aquí ya sabes que se arregla tó.
- Pos mira que he comprau un monu de esos modernus que tienin esti sistema pa abrochase, ya no train botenes como los d´antes… y, coño, coño, que me pusi a mear a caminu; no me acorde de guardala antes de cerrar el aparatu esti… y me la pillé, me cangontó.
- A ver, Pepe, míralo tú, que eso no paíce mu complicau de resolver. – se escaquea Taquio.
- Pasa pacá que te vea –interviene mi padre. ¡¡Hostiá ¡! esto está jodíu.---
Parece que el buen hombre no se quejaba de vicio; se había hecho una avería bastante considerable.
- Veamos como esta eso –interviene Taquio…
¡Bah! eso no es na. Mira vas hacer lo que yo te diga y asuntu arreglau.
- Vd. dirá Sr. Eustaquio…
- Mira llévate un pocu de esti unguentu que te voy a dar, y súbete cuantu antes pa casa. En cuantu veas a la tu mujher, te lo untas y donde mismu esté la enganchas. Tiene que ser rápidu; porque sino no hace efectu.
El “uguentu” en cuestión no era otra cosa que el ácido que usaban para soldar el cobre y la hojalata con el estañador. Es un preparado de ácido Clorídrico rebajado con Zinc.
Pasado algún tiempo el paisano volvió por el Puente de San Cayetano. Mi abuelo se puso en guardia ; quizás la broma había resultado demasiada pesada…
- Manu de santu, Sr. Eustaquio, manu de santu. Hice lo que Vd. me dijho… en cuantu llegue a casa vi a la mi mujer en la escalera, y rápidu como un coneju allí mesmu la enganché dispués de untame el ungüentu. Ella chillaba como una condená, pero se me curó enseguia.
- Chillaba porque le gustaba, tontu….
“ GERARDA”

¡¡ Por fin ¡¡ Forzados por el clamor popular ( no demasiado firme para mi gusto) y por las Asociaciones, a los políticos de esta pseudodemocracia les ha vuelto la vergüenza y han recuperado la memoria. Veremos si perdura…
Hace 25 años que se debió hacer este homenaje a las víctimas y represaliados del franquismo; si se hubiese hecho entonces, hubieran sido muchos más los que hubiesen disfrutado del reconocimiento tan merecido. Ahora están al borde de la extinción por motivos lógicos de la edad. Nos quedaremos con aquello de “nunca es tarde”….
A estos desaparecidos, a quienes murieron con la esperanza rota, a quienes murieron asombrados al ver que la JUSTICIA que ellos esperaban encontrar porque había caído el régimen de terror que les había tocado soportar, a aquellos que siguen aguantando el mástil de la LIBERTAD , la DIGNIDAD y la cordura de la convivencia pacífica sin clamar por la venganza a la que tanto derecho tienen, a las mujeres de aquellos héroes luchadores antifascistas, verdaderas mártires del silencio y la abnegación…. A todas las gentes que tienen que seguir viviendo simulando una “amnesia histórica” porque el terror anidó en su mente durante años y generaciones, y “siglos”…. ; a todos ellos, con el mayor agradecimiento y con el mayor interés que pueda desprenderse de mi pluma, les dedico lo poquito que sé hacer medianamente mal: “ escribiré una historia”



La Solana era un barrio bullicioso. Curiosamente recuerdo la Solana con muchos niños y el resto, personas bastante mayores. El intermedio, los de mediana edad, estaban fuera buscándose las habichuelas, ( en mi casa dirían buscando “la cagá el lagartu”) El País Vasco, Alemania, Francia, Suiza, Sudamérica, eran los destinos que recuerdo a bote pronto. La eterna “lucha” entre abuelos y nietos se apreciaba con nitidez en La Solana de entonces.
Los muchachos, traviesos unos más que otros, teníamos calculado perfectamente el nivel de riesgo que conllevaba hacer una travesura a un anciano o a otro; en este juego siempre había preferencias dependiendo de la paciencia de la “víctima”. Los más sufridos eran los de mayor paciencia: Pepe el de la lejía, Valeriano y su famosísimo burro blanco, la señora Isabel y Cundo….; pero a muy pocos se le pasaba por la imaginación hacerle una travesura a Gerarda.
Contrariamente a lo que se pueda pensar, dadas la premisas, Gerarda no era una de esas personas agrias y cascarrabias de las que suelen huir los chicos más que de las matemáticas, nada de eso. Tenía, sin duda, un carácter firme y duro; pero para nada exento de dulzura, comprensión y cariño hacia los niños. Siempre tenía en el bolsillo de su mandil ( delantal) unas avellanas, nueces o manzanucas pequeñas y arrugadas que había secado en el desván y tenían un sabor delicioso. ( hace muchos años que no veo manzanas arrugadas) Por algún motivo que no puedo explicar, a Gerarda ningún muchacho le hacía travesuras…. Quizás un poco sus propios nietos, cuya amistad me honra.
Gerarda era muy querida y respetada en nuestra casa. Solía sentarse en compañía de otras señoras del barrio mientras que mi madre les leía alguna novela. ( mi madre leía muy bien “en altu”, y algunas de aquellas señoras no sabían leer. Era muy entrañable ver aquellos pequeños corrillos ,en un silencio casi reverente, escuchando a mi madre leer cualquier cosa trivial, sin complicaciones literarias ni sociales…. Ayer visité a mi madre y protestaba amargamente porque “ ya no soy pa leer, Pepín”. tiene 89 años y ha criado a 12 hijos y parido a 16. ¡¡ qué fortaleza..¡¡)
A veces, para dar protagonismo a otras señoras, se solicitaba que contasen un cuento. Se contaban cuentos preciosos; algunos picarescos, otros de moraleja, otros dramáticos. El cuento de Gerarda era de un dramatismo especial…. Además de ser terrorífico era real; era un capítulo de su propia vida.
--- Cuéntanos lo de “el tu Pedro”, Gerarda….
Se lo pedían sin malicia de ningún tipo; sin atisbo de crueldad por hacer rememorar tan dramático episodio a la mártir protagonista del mismo.
Gerarda solía terminar el “cuento” llorando, pegando una patada en el suelo empedrado y caminando a grandes zancadas medio encorvada en su alta y enjuta figura, mientras masticaba palabrotas contra “aquellos H de P. Que habían matado “al su Pedro”.
--- ¡¡ qué valor tuvo esta mujer¡¡…. –se quedaban comentando en el pequeño corrillo--- yo no me hubiera atrevíu a jacelo. ¡¡ que miedu ¡¡.
Luego se deshacía el corrillo, y con los ojos húmedos y brillantes, cada una se iba a su mísera casa e intentaba cocinar su silencio con alguna berza o con una patatuca que no tuviera los tallos demasiado largos todavía…. Otro día contarían el cuento de “el tontu y el listu” que es más divertido.
Al marido de Gerarda lo habían ido a buscar al lugar donde estaba trabajando de albañil. En compañía de otros honrados y trabajadores hombres de Potes, fueron conducidos hasta el cementerio y allí fueron vílmente asesinados.( asesinato es eliminar a una persona sin juicio previo) Los cadáveres fueron apilados a la puerta del cementerio para su posterior “aporcamiento” ( que no enterramiento) en fosa común.Los viles asesinos fueron los que se hacían llamar “ fuerzas vivas del pueblo” ( falangistas, somatenes, requetés, canallas asesinos que mantuvieron a España aterrorizada durante 40 años…. Y más)
Alguien le había venido a avisar a Gerarda de que al “su Pedro” le llevaban escoltado los falangistas.
---¡¡ Ay ¡¡ que me lo han matau….
Gerarda salió para el cementerio como “alma que lleva el diablu”; y un trecho antes de llegar, se dio cuenta de que sus temores eran trágicamente reales.
--- Muchu antes de llegar ya vi las “alpargatas” blancas que le había comprau esa misma mañana.
Gerarda llegó al tétrico montón de cadáveres que habían apilado a la puerta del cementerio y comenzó a retirar los cuerpos ensangrentados que estaban encima de “su Pedro”. Luego, arrastrándolo de las piernas, lo llevó hasta su casa donde lo pudo llorar cuanto su rabia le permitió llorarle. Posteriormente le dio humana sepultura para recordarle cuando su alma siente la necesidad de hacerlo, y además porque como Gerarda decía “ yo en Dios sí creo, lo que no creo es en los curas”….
La historia de Gerarda se puede repetir en cualquier pueblo de España por pequeño que sea. Yo no puedo hacerme eco de otras porque no tengo constancia expresa de ellas, pero sí aseguro que esta historia es absolutamente cierta.
El “ mi Pedro” era Pedro Posadas, vecino de Potes, ( Cantabria)

Salud y República, camarada Pedro

VIVA JUANIN¡¡¡¡


“HA LLEGADO AMYCO”

Con la precisión del águila que decide cazar una presa, con la exactitud de un halcón lanzado como saeta contra pajarracos de mal agüero; afanes, tensiones, zozobras, inquietudes, temores… ha llegado AMYCO y como Julio Cesar en las Galias ,“vini – vidi – vinci.”
Me imagino que como todo “hijo de vecino” tengo rachas buenas, regulares, malas… y peores. La que estoy pasando es de las últimas. Una serie de circunstancias socio- laborales me tiene sumido en una tempestad de ésas que se suele decir que “caen chuzos de punta”. En tales circunstancias llega el desánimo, el abatimiento, el deseo de tirar la toalla. Así estaba yo cuando llegué al buzón de mi casa y me encuentro con AMYCO.
La sensación de alivio fue inmediata; como quien está caminando horas y horas bajo la inclemente torridez de un sol de Agosto y de pronto ve un arroyo de agua limpia y fresca… ¡¡uuff!! No podía mas…
Bebí, bebí del agua limpia y fresca de AMYCO, y me zambullí dentro de sus aguas atragantándome de ellas; y disfruté, reí incluso con mis propios chistes, reflexioné sobre los contenidos tan profundos que atesoran sus pocas páginas, critiqué algo, aprobé mucho, la dolorosa nostalgia anidó un tiempo en mi mente recordando las clases de Lengua con el P. Isaac. “Nunca lo volveré a ver” R.I.P.
No sé si los responsables de la edición de AMYCO pensaron que los fines que perseguían con esta revista pudieran ser de terapia emocional positiva; pero les aseguro que, en mi caso, ha dado un brillantísimo resultado. Aprovecho ésta ocasión para reconocer y agradecer el gran esfuerzo que está llevando a cabo la junta directiva tanto para poner en funcionamiento algo tan complicado como es una O.N.G. como por la difusión de la revista AMYCO.
Saciada mi sed, refrescado mi cuerpo, ungüentadas las heridas no debo permanecer demasiado tiempo “enredado en las retamas más amargas que nos complican las cosas”, como dice el articulo de EDITORIAL. No puedo estar metido en la cueva de Platón intentando encontrar la salida; si no hay salida se hace con las uñas, con los dientes a mordiscos….incluso mas fácil, con la eficaz herramienta que proporciona el caminar de la mano de un AMYCO que está a tu lado en el momento más oportuno para calmar tu impetuoso corazón y canalizar tu justa rebeldía. Gracias, AMYCO, por prestarme tu comprensivo hombro y por tu inmenso pañuelo impregnado de fragancias de recuerdos y amistad.
Además ¿qué derecho tengo para quejarme? “no es difícil escuchar voces de llanto que acompañan al ruido que hacen las chapas de hojalata de las chabolas empujadas por el viento”, nos recuerda Fernando González en su apoteósica colaboración. Yo conocí ése ruido, conocí el gélido viento y no me quejaba; ellos tampoco se quejan, simplemente viven lo mejor que saben y nos regalan su preciosa sonrisa; ¿quién soy yo para estar triste por una nimiedad? .Hoy mismo me voy a abrazar un árbol y voy a regalar algo a un niño si lo veo triste.
HISTORIA DE BODAS FAMILIARES

Me da un poco corte ser casi siempre yo quien cuente historias de tiempos pasados ( y no tan pasados) tengo la impresión de estar centrando la atención del foro demasiado en mis historias, cuando lo ideal sería que muchas personas contasen sus experiencias, opiniones, sentimientos… En fin, que avergonzado o no , no deseo que el interés de este precioso foro decaiga.
La historia de hoy es más reciente; y la cuento por lo que tiene de rocambolesca y graciosa ( al menos así nos la hemos tomado en la familia cuando se comenta)
Hace unos pocos años decidimos intentar reivindicar los derechos de mi madre con relación a la pensión de viudedad como beneficiaria del cargo militar de mi padre, y de la indemnización por tiempo de prisión. Lo segundo no lo conseguimos puesto que la guardia civil no proporciona la información necesaria y me faltaron 7 días para demostrar de modo “fehaciente” los tres años de prisión que se exigían entonces (en la realidad pasó más de 5 años preso y 30 años de confinamiento sin poder salir de Liébana y en lo que llamaban ¿ libertad? Vigilada, con visitas periódicas al cuartel donde le “arreglaban” la dentadura para que no tuviese malos pensamientos) Lo segundo si que lo conseguí, no sin grandes esfuerzos de paciencia; y donde la profesionalidad de una abogada fue dejada en evidencia por el TESÓN y la cabezonería mía en el esfuerzo titánico de restaurar la memoria de mi padre. Hoy mi madre cobra una (miserable pensión como viuda del sargento primera del Bon. 308 de ametralladoras del Glorioso ejército Republicano. ( había sido nombrado teniente; pero no lo pude demostrar; le graduación es lo de menos, lo importante es lo otro)
Pero me estoy yendo de lo que quería contar. Al recabar la documentación necesaria que demostrase la autenticidad del matrimonio me encontré con algo sorprendente que había oído comentar vagamente en las tertulias familiares; de esas cosas que las oyes pero no prestas atención: Resulta que mis padres se habían casado tres veces ( eso es amor, no los matrimonios de ahora )
¿ Como se llegó a ello? Muy fácil: La fogosidad juvenil había dado su fruto en un noviazgo de playas santanderinas y jardines de Piquío, entonces en construcción. Mi padre se había enrolado como voluntario en el ejército y mi hermana mayor en gestación no debiera nacer sin padre reconocido en caso de una bala perdida . En 1937 hay boda en Potes; la boda es republicana y civil, obviamente.
Las bodas realizadas en la república son consideradas no válidas por el Régimen franquista, por lo que mis padres tuvieron que casarse de nuevo el 26 de octubre del 1940 ( mi padre preso, pero cabezota, no se quiere casar por la iglesia. Quizá abrigaba la esperanza de que una vez vencidos los Nazis, su boda republicana fuese suficiente, ¡¡ qué iluso ¡¡)
Para que los hijos pudiesen tener acceso a la escuela, a la sanidad, a las míseras ayudas “caritativas”, mis padres fueron obligados a casarse nuevamente el 28 de abril de 1956. Esta vez ya fue la “buena”, con cura y todo, como debe de ser. El problema es que éstos elementos habían deslegitimado el nacimiento de nada menos que 12 hijos, cosa que les aseguro que no ha afectado a nuestro desarrollo, somos “normales”.
Evidentemente mis padres no celebraron las bodas de plata; a las de oro no llegó mi padre, la falta de esperanza desgasta demasiado y murió, sin esperanza, a los 59 años de edad.
Que el dios de los canallas pague como se merecen los actos canallas. Nosotros nos reímos de estas historias vividas porque a nosotros no han conseguido robarnos la ESPERANZA

SALUD Y REPUBLICA, TENIENTE CAPELLIN ¡¡¡¡¡ tu lucha no será estéril.
HISTORIA DE UNA LOBA

En Liébana las cosas no ocurren de la misma manera que en otros lugares. Cuando menos te lo esperas quedas sorprendido (unas veces positivamente y otras, por desgracia, no tanto) por algún fenómeno de la Naturaleza que a pesar de estar acostumbrado al entorno, no deja de marcar un hito en tu vida.
La mayoría de los Lebaniegos, cuando recordamos nuestra vida pasada, no recordamos tanto los monumentos, las iglesias, ni obras de ingeniería; nos gusta más recrearnos en aquella encinona donde cazamos un “esquilu” (ardilla) con el tiragomas. Recordamos el nogalón donde nos entrenábamos a esquilar para ver lo que tenían los niales. (Ya tienen huevines, ya pajarines en pelu mortecín, ya están echando los coñones, y por San Juan… Cógelos pol rabu que se te van. Nos sorprendemos, aún, del poder de regeneración de su corteza que tienen las “azufras” (alcornoques.) Nos gusta recordar aquellos “chupos” que colgaban en los tejados cuando te levantabas después de una noche de nevada.
“No andeis por debajo de los chupos, no se vaiga a descolgar algunu y se vos clave en la cabeza. Cuando haiga nevá tenéis que andar por meta del caminu.”
Hay quien ha tenido la suerte, o la desgracia, de ver al oso en el monte. Es costumbre en Liebana, cuando se ve a alguien con el pelo muy espinoso, embromarle con la frase: “qué, fulano, ¿has vistu al osu.? Lo que nos indica el grado de respeto que conlleva el encontrarse con semejante animal en su hábitat. Todo Lebaniego sabe, por otra parte, que el oso no es peligroso si no tiene hambre; el problema está en ¿quien se atreve a preguntárselo?.
Sobre el paisaje de Liebana no seré yo quien se atreva a escribir; sería una pedantería imperdonable por mi parte. Plumas ilustres, y escritores mundialmente conocidos y en todas las épocas históricas han quedado subyugados ante el magnetismo que ejerce tanta belleza natural concentrada en el valle de Liebana; donde la diosa Naturaleza me permitió nacer, crecer, sufrir y disfrutar mi juventud.
Como una pequeña muestra de lo que digo, contaré una historia que tuve el gozo de compartir con otros muchachos en las cercanías de Potes, hace cuarenta años aproximadamente.
Por aquellos años el barrio de la Solana de Potes estaba vivo. A pesar de las dificultades que había para conseguir lo más elemental para seguir viviendo, los griteríos y el bullicio de la chavaleria del hacían del barrio de la Solana posiblemente el más alegre del pueblo.
Eran tiempos en que la imaginación y el saber aprovechar lo que el entorno te ofrecía resultaba indispensable si no querías morir de aburrimiento, como los “señoritangos” de la capital.
En Potes, en aquella época (posiblemente ahora también) el ser de la capital, el tener modales demasiado “finodos” o simplemente hablar con la “o” en vez de hablar con la “u”. hacia perder muchos puntos a los ojos de quienes habían de ser tus amigos de fatigas.
Yo estudiaba en un Seminario de Valladolid, y sólo pasaba en casa los tres meses de verano. Consecuentemente mi super-educación, mis modales de seminarista, mi excelente pronunciación del Castellano, me dejaba a la altura del barro ante los ojos semiburlones de los chicos de mi edad y de mis hermanos.
Nunca supe si era porque mi léxico era demasiado correcto o porque tosía como un condenado cuando intentaba fumar un “celtas corto”, lo cierto es que nadie me respetaba hasta que conseguía hablar como Dios manda el “Lebaniegu” y fumada Celtas y tiraba de hacha como cualquiera de mi edad.


Debido a estos parámetros, que eran casi de obligado cumplimiento, me costaba bastante enterarme de los grandes secretos que se cocían en el barrio entre mis hermanos pequeños y sus amigos. Ellos no estaban dispuestos a compartirlos con alguien tan remilgado como yo.
Aquel año debía de cocerse algo gordo. Las reuniones y los cuchicheos abundaban más de lo normal. No se veía un muchacho por la Solana. Las madres se desesperaban porque no encontraban en todo el día a un solo muchacho para mandarles a los recados.
Yo sabia de antemano que su secreto no lo iban a compartir conmigo. Todavía estaba recién llegado y no me había adaptado a las normas que, sin intención expresa, ellos exigían. Por lo tanto decidí expiarles y descubrir su secreto.


Tony era un perro de raza Pastor Aleman; no era muy grande, pero si era muy listo, y sobre todo era muy trabajador. Lo mismo “echaba las vacas” que cuidaba el bar en la C/ Cantabra, (el bar de Manel el de Cayo.) o perseguía a los zorros y a la lobos cuando bajaban al pueblo en la época de la nieve.
Tony era un perro muy querido en la Solana porque era muy cariñoso y porque peleaba muy bien. Nunca se supo quien podría vencer, si el Tony o el “Cara” (perro callejero alimentado por la banda de chicos de la Solana.) El Tony era un perro muy bonito.
Semejantes dotes no podían quedar sin el premio que la Naturaleza reserva a quien, como él, es tan fiel y tan trabajador. Por supuesto que Tony tuvo su recompensa.

La cuadrilla de la Solana estaba revuelta nuevamente. Los cuchicheos y los nerviosos tirones de brazos anunciaban que algo estaba pasando. De pronto salen todos corriendo hacia la carretera nueva. Les persigo a cierta distancia y les veo agazapados detrás de las Boneras. Silenciosamente algunos apuntaban con el dedo hacía la fuente Otero, al camino que sube al Campulvor.
Tony no iba solo; una preciosa loba caminaba a su lado. Subían a trote, tranquilos, mirándose de vez en cuando. Iban en dirección a Valmayor.
La banda de la Solana, una vez que la pareja encumbró al Campulvor, se levantaron, y semiagachados comenzaron a perseguirles.
Yo no estaba dispuesto a quedarme sin participar en el acontecimiento, por lo que me hice ver y exigí que me contasen lo que pasaba si no querían que contase todo el asunto a nuestros padres.
- Calla, tontu, que va a oíte la loba y se va a asustar.
- Tienen una camá hecha en los Escobales.
- La loba baja toos los días a buscar a Tony pa que suba a ver los cachorrines.
- ¿Cómo va a hacer eso?,-- pregunto incrédulo,-- para bajar a Casa Cayo tiene que cruzar todo el pueblo, y la hubieran visto.
- Mírale al curín, pues no es tan tonta como tú te crees. Baja por la fuente La Riega hasta San Cayetano. Tony la debe goler hasta allí y sale a buscala. Luego suben, unas veces por las casas baratas al Alcantarillón y otras veces por donde Pepe el de la lejía a la fuente Otero, listu.
Los itinerarios los tenían tan constatados, y ante la evidencia de haberlo visto con mis propios ojos, no tuve más remedio que admitir el hecho.

El lugar que se conoce como los Escobales está a medio camino entre Potes y la ermita de Valmayor (patrona del pueblo.) subiendo por el camino del Campulvor. Como su nombre indica es un paraje donde abundan los arbustos que proporcionan esas ramas duras y flexibles que se utilizan para hacer las escobas de “brezu” (Creo que se llaman así, no estoy seguro.)

No muy contentos soportaron mi complicidad puesto que les era más conveniente; no porque les hiciera ninguna gracia. Todos juntos en una postura semiagachados que se utiliza cuando se va de caza, salimos hacia los Escobales.
Cuando llegamos al lugar las precauciones se multiplicaron. Me miraban como si pensaran que de un momento a otro metería la pata y echaría a perder toda la magia que contenía la situación. Creo que les mire con seguridad y probablemente confiaron en mí.
Casi me ordenaron que me tumbase. Arrastrándonos como los indios avanzamos lentamente entre los arbustos. Alguien levanto una mano en señal de alto. Otros indicaban en su dedo extendido hacia un lugar…
Allí estaban; unos preciosos cachorrillos, con el pelo que parecía de algodón retozaban entre las tetas de la loba. Tony, tumbado a su lado, tolerante soportaba los mordiscos que sus hijos le daban con la intención de jugar. La loba le miraba con admiración; posiblemente le miraba con amor.?
En un momento dado, Tony y la loba miraron hacia donde estabamos escondidos. No se inquietaron en absoluto. Tony conocía a la mayor parte de la cuadrilla y sabia que era de fiar. Mi miraba se cruzó con la mirada de la loba… fija, penetrante, inquietante, salvaje; pero noble, sincera, exenta de temor, y yo tampoco la tuve miedo. Una miraba que no podré olvidar mientras viva.
No sé el tiempo que permanecimos allí; simplemente recuerdo que con emoción y nuevo sentido de camaradería me encontré charlando con mis hermanos y con sus amigos como uno más de ellos. Simplemente me habían admitido en su cuadrilla porque habíamos compartido algo grandioso. Desde entonces me respetaban más y terminaron las puyas por mi forma de hablar.
Por mi parte me esforzaba al máximo para conseguir cuando antes las costumbres y el deje “Lebaniegu”.
JUANÍN YA CAZADO EN 1957

Juanín ya había sido cazado en el año 1957. En Liébana no se entendía muy bien que en la década de los 60 permaneciese aún tan desproporcionada presencia de Guardias Civiles en sus pueblos. Quienes estaban muy a gusto con su presencia (les daba muy buenos dividendos su incondicional protección) la justificaban porque “el Lute se había fugau otra vez…” El pobre Lute seguro que ni sabría que existía Liébana; pero a alguien había que poner de cabeza de turco una vez que la pieza principal, Juanín, ya no daba cobertura a tantos desmanes que cometían los Guardias Civiles. Qué barrigadas de chorizos, jamón, buen vino y cómo no, el excelente “Oruju de Liébana” que no faltase. Los paisanos tenían más miedo a las visitas de los Civiles que a las de “Abastos.”
Alguna que otra muchacha lebaniega también quedo bien henchida por el cumplimiento en el deber de “protección” que los “sufridos” Guardias proporcionaban a la Comarca. Total, como ellos tenían impunidad, con un simple aborto quedaba todo solucionado. Si el aborto salía mal y la muchacha moría en el intento, pues nada, al subsodicho se le llevaba a otro destino para no dar más que hablar y “pelillos a la mar”… a preñar a otra incauta enamoradiza en alguna otra región “amenazada” por el Lute, el Torete, el Vaquilla… o el coño de la Bernarda. (Lease el libro de Pedro Alvarez: “ Juanín”.)
En nuestra casa no tenían la posibilidad de arramplar con comida ni aguardiente… pero había una pieza muy valiosa para demostrar lo “machos” que eran y cómo se acojonaban los “Rojos” ante su presencia… En aquella casuca insignificante y medio derruida, sobrevivían unos cuantos “posibles delincuentes rojos” que había que mantener a raya. La mejor forma era intimidar al padre delante de los hijos para que estos no tuviesen la mala tentación de copiar los “equivocados” pasos que el padre había dado hacia ya… ¿30 años?. Aquel jodido comunista había tenido la osadía de alistarse en el ejército Republicano para defender una mierda política que llamaban Democracia. Franco y la Falange ya lo decían bien claro: “era una Conspiración Judeomasónica” a la que La Guardia Civil tenía que mantener a raya.
Para ¿”cazar al Lute”? salían montados en unos gigantescos caballos y daban batidas por los montes y pueblucos recónditos de la increíble orografía lebaniega. Cuando llovía, o se barruntaba lluvia, se ponían unos capotes que les cubrían tanto a ellos como a los caballos. Era impresionante y verdaderamente intimidatorio ( Yo diría TERRORÍFICO) toparse con aquellos “ Orcos” en cualquier curva de cualquier camino. El susto podía ser de infarto si además era por la noche… ¡¡ Uff ¡¡
Para subir a los montes desde el cuartel de la Guardia Civil de Potes, lo más lógico sería tomar por la calle San Pedro y una vez llegados a la Carretera Nueva, elegir la dirección deseada : Valmayor, Valmenor, Tolibes, carretera de Valmeo, etc ; pero
¡¡qué va ¡¡¡… había que mantener la represión a cualquier precio; aunque costase algún coscorrón a los caballos o a los jinetes.
Para entrar en La Solana desde el cuartel hay que hacerlo pasando El Portalón. El Portalón no es más que una especie e túnel resultado de la unión de dos edificaciones muy antiguas. Tendrá poco más de dos metros de altura; por lo que el paso de caballos y jinetes se hace bastante complicado. Cualquier esfuerzo es asumible con tal de joder a los “ rojos”.
Pepe el “hojalateru” martilleaba en la puerta de la casuca de La Solana. Algún farol, algún calderu pa cocer la labaza a los chones, cualquier faena de su profesión que le permitía llenar un día más los platos de aquella recua de muchachos que jugaban a las canicas. La mayoría de aquellos muchachos pasarían a comer a la casuca cuando llegase la hora… sería muy difícil inventarse una “ vigilancia” más eficaz que el apetito de aquellos rapaces. Pero no era suficiente, al parecer…
La pareja de “ Orcos” se detiene frente a la casuca. Más de medio cuerpo de los jinetes sobrepasa el alero. Hace frío y los caballos resoplan como si fueran tubos de escape de un bólido. Las miradas de los “ Orcos” son gélidas, despiadadas, soberbias, iracundas… la voz lacerante de uno de ellos se impone en el silencio expectante de niños y mayores. Por debajo de aquel chulesco bigote ( odio esos bigotes) se oyó decir:
n Pepe, mira bien a ver qué emisora sintonizas….
n No se preocupe usted, la mi radio no es demasiau buena y solu cojhe Radio Nacional…
n Pues que no me entere yo de otra cosa.

Los centauros sacaron chispas en el empedrado con sus duras herraduras y pegando un tremendo resoplido traspusieron por el callejón de la casa de Pepe el de la lejía camino de la Carretera Nueva.
Yo me quedé muy pensativo, y mientras trataba de adivinar el significado de lo que mi padre mascullaba entre dientes entre martillazo y martillazo, comprendí lo que solía hacer algunas veces: Se escondía en el rincón más recóndito de la casa y pegaba el oído a la radio. Los muchachos sabíamos que durante aquellos momentos el silencio debería ser absoluto, casi reverente.
Muchos años después se me aclararía todo: Dolores Ibarruri arengaba a seguir resistiendo al franquismo desde una emisora francesa llamada “ Radio Pirinaica” ( desde Francia era más fácil que desde Potes; pero esa es otra historia) El régimen franquista tenía una férrea censura sobre cualquier información que no manejasen ellos.
Los “ Orcos” ya podían llenar sus cocinos “cumpliendo con su deber”. Ya no tenían a Juanín, y el Lute tenía muy pocas posibilidades de aparecer por Liébana; pero ya tenían una gran dedicación: VIGILAR LAS EMISORAS DE RADIO…

VIVA LA REPUBLICA…. ¡¡¡ VIVA JUANIN ¡¡¡

LA CHONA Y EL CURA

Por alguna razón que nunca llegué a entender, los paisanos-as que bajaban de los pueblos lebaniegos al mercado e Potes, no solían pasar por el Puente Nuevu ( el de la carretera principal) para cruzar hasta La Serna. Lo solían cruzar si venían con carro; pero cuando bajaban guiando los chones, las cabras, las ovejas, los burros cargados ( con hortalizas, pollos, gallinas, conejos, quesos, miel, albarcas, cestos de mimbre….)solían pasar por el Puente Vieju ( el que da a la Torre del Infantado) y sobre todo acostumbraban a pasar por la calle Cántabra para bajar por la ermita de San Cayetano cruzando el puente del mismo nombre para entrar en La Serna por las Casa Quemás. ( al principio del Barriu Sol)
Los que bajaban del valle de Cereceda entraban por las Casas Baratas y también cruzaban por San Cayetano. Los que venían de Valdebaró buscaban una disculpa para tener que cruzar también el histórico puente. La disculpa solía ser una visituca a Casa Cuba( hoy el bar de los Camachos) la tienda de Marcos, el “ supermercado” del Tiucu, el bar La Negreta, o ponerse morados de buen vinu lebaniegu y excelente aguardiente en Casa Cayo.
Con todo ello, el puente San Cayetano era como el Paseo Pereda de Santander, todo quisqui pasaba por allí. En la casuca adosada al puente martilleaba Taquio el “ calderero”. Unas veces martilleaba, otras daba de comer a su famoso jilguero… y otras meneaba el porrón para que el vino que compraba donde Marcos no echase demasiada madre en el fondo. ( “que te dé de lo que bebe el amu”, recomendaría al nieto que le tocase ir por el vino )
El la hojalatería de Taquio se paraban multitud de paisanos para intentar enterarse de los últimos cotilleos, para preguntar algo referente a su visita a Potes, para encargarle algún trabajo ( las menos veces) o simplemente para echar una “ parlá” con aquel simpático personaje de bigototes peinados de un modo muy original ( Dalí plagió los bigotes de Taquio el calderero)
Aquella señoruca bajaba desde Perrozo. Una inmensa chona se contoneaba en un caminar lento, forzado por sus suculentas redondeles ,se movía de un modo tan sensual que para sí lo querría la “ Chiffler” esa de las pasarelas de moda. La señoruca tenía varias tretas para hacerla caminar: unas veces la animaba con voces cariñosas como si de su propia hijita se tratase. Si no caminaba con esa treta, entonces la trataba como a una nuera… y la dedicaba un montón de improperios totalmente injustos: “ güarra, más que güarra , camina p´alanti mal rayu te parta.a.a.a” Si aún así no conseguía hacer avanzar al tanque porcino, utilizaba una finísima vara de mimbre que acariciaba ( más que golpear) los lomos de la lenta caminante. Cuando tampoco esta treta funcionaba, se ponía unos pasos más adelante y esmingaba una cestuca que contenía bellotas y castañas. Ni por esas se dejaba seducir la muy pícara gordinflona; por lo que no tenía más remedio que soltar algún premio al esfuerzo… no muchas bellotas, que por la tarde había que volver hasta Perrozo.
La paisanuca se para en la sombra que proporciona la casuca. ¿ O fue la chona la que se paró?? Bueno, es igual, la cuestión es que ambas se pararon allí.
--- Buena chona trais… ¿ desde Perrozo bajas andando???
--- Si, hiju, si, desde allí vegu-hu-hu – la mujeruca tiene una voz con exagerada pronunciación nasal y alarga mucho la ultima vocal; daba la impresión de que se estaba riendo.
--- Coño, pos has teníu que salir bien trempanu
--- Antis del amanecer-er-er; pa que no mus cojha el sol a caminu-u-u, que peligra se sofoqui la chona y se mi muera d´una calentura-a-a-a.
--- Lo malu ya pasó, mujer, a ver si le sacas buen preciu a la chona y se te olvidan los males.
--- No, si no vengu a vendela-a-a-a; qu´esque m´handichu que hay un berracu mu güenu aquí en Potes… y la chona, ya ves tú mesmu que anda bien alta-a-a… mira comu tié la nación de rojha y dilatá-a-
--- Pos sí, se le ve bien claru que anda a berracu--- Taquio se siente un tanto cohibido e intenta meterse para casa.
--- Sr Ustaquio-o-o, no sap´ra usté por casualidá quién tieni esi berracu tan güenu-u-u-u.
--- Si mujer, sí… ¿ como no lu voy a saber?? Pos anda que no es famosu en toa Liébana. Mire usté, no tié ninguna pérdida; ¿ sabe dónde está la Iglesia de La Serna??
--- Sí, home, sí… cómu no lu voy a saber….
--- Buenu, pos justu enfrenti la Iglesia verá una casuca con un jardinzucu a la puerta. Hay una portilla de hierru cerrá con una aldabuca; usté la abre y mete la chona dentro el jardín. Luego llame a la puerta de la casa y ya verá que bién la van a atender…

la señoruca marchó con su joya porcina agradeciéndole la amabilidad y tan buena información. Encontró la casa a la primera; el señor Eustaquio explicaba muy bién las cosas.gastó algunas reservas de bellotas más para conseguir que la chona entrase por el estrecho pasillo hasta el jardín, y satisfecha porque se acercaba el fin de sus desvelos llamó a la puerta de la casa. Sale un señor bastante mayor; es Dn. León, padre del inquilino de la casa.
--- ¿ Qué desea usted??
--- Pos mire, que la mi chona anda a berracu-u-u, y que m´han dichu qu´aquí tienin unu mu güenu-u-u; Y si hay que pagar algo-o-o-o…
--- ¡¡¡ Qué berracu ni qué chona dice usted, oiga…¡¡¡ ¿ quién le ha mandau aquí??
--- Pos el señor Ustaquio me lo ha dichu-u-u-u --- se defiende la señoruca un tanto sorprendida y asustada.
--- Ande, ande, váyase de aquí… a Taquio le vais a hacer casu…

Por el pasillo de la casa aparece Dn Cecilio, el cura párroco de Potes.
--- ¿ Qué pasa, decías algo de Eustaquio el calderero?
--- Nada, nada, ya no hay respeto por nada…reguñía Dn León mientras cerraba la puerta evitando que su hijo el cura viese aquella preciosidad de caderas sinuosas saliendo del jardín.
LA OTRA NAVIDAD

Cuando Pereda escribió su relato de “ Noche de Navidad” recogido en el libro “ Tipos y paisajes” ( 1871) no podía suponerse que 90 años después la problemática que él trataba de poner de relieve con sus encantadores relatos, no solo no se hubieran arreglado, si no que se habían agravado. ( no estaría mal que los “ etnógrafos y linguistas del montañés” de este y otros foros aledaños, se afanasen un poco más en la lectura que en la corrección “purista” y pluscuamperfecta de quienes osan ( osamos) escribir nuestras ya lejanas memorias del “montañés) con mucha mejor intención que acierto, sin duda.)

Sin ningún tipo de ánimo comparativo y solicitando disculpas a Pereda por mi atrevimiento, paso a relatar la historia de una noche de Nochebuena acaecida hace ya mucho, mucho tiempo….

--¡¡ Cojones…¡¡ vaya nevá que nos ha caidu anoche – mi padre era el primero que abría la puerta – esti añu las moscas blancas nos han pillau con el culu al aire…

Mi madre se asoma a la puerta y pega un respingo un tanto airado. Cuando hacía ese gesto de contrariedad pegaba un tirón hacia abajo metiendo las manos en su sempiterno mandil.
Los muchachos vamos apareciendo por la puerta como pollitos perezosos, estirandonos, bostezando ruidosos, restregando alguna legaña… Aún quedábamos nueve muchachos en la casa; los mayores ya habían “volau del nial” y estaban en Bilbao buscándose la “cagá el lagartu”.

--- Ahora qué voy a poner pa cenar mañana?? Hoy es Lunes de mercau, y así no puede bajar nadie de los pueblos.
-- Pos ahora inciensa con los cojones – mi padre tenía dichos de estos – tenía dos faroles encargaos y vendíos; y un calderu de chapa pa una de Soberao ( Los calderos se utilizaban para cocer la labaza de los chones, y los hacía con chapa de bidones de petroleo que reciclaba, de un bidón de 200 litros sacaba tres calderos. Se vendían bastante bien porque eran más resistentes que las calderas de cobre)

-- Pos si ellos no bajan a llevalos, habrá que apurríselos como sea si quereis cenar algo de qué en la Nochebuena. La dispensa está vacía, y no tengo un rial pa ir a la tienda --- se lamenta mi madre.

En mi casa las dificultades eran la normalidad, por lo que no hubo una alarma especial . Simplemente había una dificultad puntual que había que abordar. Yo era el mayor de los candidatos, los otros dos más mayores ya trabajaban por un misérrimo jornal y se debían a sus obligaciones. No tenía escapatoria. Se pensó en un adelanto del sueldo; pero un concepto un tanto exagerado del orgullo y la dignidad hizo desechar la idea. Se apunta una posible solución:

-- ¿ Quién se atreve a llevar el calderu hasta Soberao?? Con el dineru del calderu saldríamos del pasu, y mañana será otru día….

Me tocó, no había otra solución. Se pensó en que me acompañase el siguiente de la fila, pero era demasiado pequeño para semejante aventura. Desde Potes a Soberao no hay menos de 12 Km. Y la nevada que había en Potes no bajaría de 15 cm. de espesor.; por lo que había que calcular no menos de 30 cm. Por La Vega y por Soberao
El caldero se colocaba en bandolera saliendo la panza hacia atrás, como si fuese una enorme chepa. Si no empieza a nevar la cosa irá bien; pero si nieva se puede complicar mucho. Las nevadas en Liébana acojonan al más pintao.

-- Paice que está claru – mi padre mira al cielo y tiene voz muy animosa. –amárrate bien los escarpines y las botas, y sujétate bien las “pilis” a las piernas, y ¡¡ andando se quita el fríu ¡¡.

No se me tome como pretensión si digo ahora que mi forma física y mi agilidad eran realmente extraordinarias; de otro modo no hubiera podido escribir esta historia.
El paisaje es de ensueño; los picos están que argallan de tanta blancura. El respaldo donde se asienta Potes, el monte Viorna, ha cambiado de color de la noche a la mañana… ayer era verde, miles de “ Lumias” lo tapizaron de blanco en una sola noche…
Yo no soy inmune a tanta belleza; pero mi atención se centra mucho más en otear el firmamento. Los nubarrones negros y desperdigados no me preocupan, lo que de verdad temo es que se ponga el cielo de color “panza burra”, pues dice mi padre que es síntoma inequívoco de que va a nevar. Lo jodido es distinguir tan impreciso color. ( todavía hoy no lo he conseguido)
Paso por Valmeo; lo conozco muy bien . Aquí nací yo, en la casa de la capilla… aquí fui a la escuela. Siempre me gustó más Valmeo que Potes. Allí está “ El Otru Barriu” donde tantos recuerdos infantiles se quedaron impregnados en sus negros castros. ¿ Qué será de la señorita Luci?? Cuanto me quería la maestra, y qué guapa era…
Con paso rápido y decidido llego a Naroba. Aquí mismo estaba yo cuidando la burra mientras pastaba en la cuneta cuando bajaron a Juanín muerto, tirado como si fuese un jabalí en la caja de un JEPP de Pablo el pescateru de Potes. Le vi las botas de tipo militar y mi instinto no me dejó lugar a dudas, era él y así se lo aseguré a mi hermano pequeño que me acompañaba. La rabia me hace apretar más el paso. Era un buen hombre, mejor que la mayoría de los que conocía…. Mi fantasía no está para apoyos solidarios, la supervivencia está en juego; tengo la impresión de que el cielo está tomando ese extraño color “ panza burra”…
Pasando el Puentinoju comienzan a caer las primeras sopas ( en Liébana llamamos sopas a los copos de nieve) Esto se pone feo. Me habían dicho que me diese la vuelta si se ponía a nevar; pero ya estoy a medio camino… y además si me vuelvo mis hermanos se van a reír de mí y me llamarán caganiales. No me siento cansado en absoluto, seguiré adelante.
Desde el Puentinoju hasta un poco antes de llegar a La Vega se puede optar por ir por la carretera o bien tomar un atajo que discurre por la vera del río. La elección es sencilla: por la carretera es más largo, y la capa de nieve es la misma, ya me entierro casi hasta las rodillas cuando camino. Tiraré por el atajo.
La nevada empieza a arreciar; un viento gélido y furioso rasea la capa de nieve levantándola hacia arriba; .casi se podría decir que nevaba al revés, y esa fue la sensación que ocupo mi mente por unos instantes… luego comenzó la lucha terrible contra la furia de una cillisca impresionante. Apenas podía ver por donde avanzaba; los copos que caían se mezclaban con los que levantaba el viento y formaba unos remolinos que me entraban incluso por dentro del caldero metido por la cabeza a modo de paraguas. Las manos se me congelaban al aguantar el caldero en aquella posición, y solo de vez en cuando podía darles un pequeño alivio metiéndolas alternativamente en mi boca. El caldero pesaba demasiado para aguantarlo con una sola mano, por lo que se me hundía hasta los hombros y no podía ver para avanzar.
Ya lo mismo me da tirar para atrás o para adelante. Descansaré un poco resguardado en el hueco horadado de esa piedra, y cuando caliente un poco las manos seguiré hasta La Vega. Allí conozco gente que me atenderá si se lo pido…
¡¡ Uff ¡¡ qué alivio … me acurruco sentado encima del caldero que ya me pesaba toneladas. Con mi aliento comienzo a calentar las manos que ya comenzaban a tener un raro color como morado. Qué bien, parece que hasta el frío está remitiendo , que sueño me está entrando…. Si no tuviese que llegar a Soberao con el jodido caldero me quedaría durmiendo un buen rato … ¿¿ Quee ¿? Soberao… el calderu; … Nochebuena… hacen falta los tres duros en casa…. ¡¡ venga, Pepín ¡¡ no hay más remediu que seguir
¡¡¡ arribaa¡¡¡
Intento ponerme de pies para continuar y mis rodillas no me responden. De pronto se me vienen a la mente historias que había oído contar sobre gente que se congelaba en la nieve. ¡¡ Coño ¡¡ me estoy congelando sin darme ni cuenta….
La reacción fue acorde con la edad y las circunstancias. Froté las rodillas con frenesí y comenzaron a reaccionar. Conseguí ponerme en pie, y cogí el caldero y lo puse por bandolera sin importarme un carajo si nevaba o no. Salí corriendo como un rebecu que escapa del cazador y no paré de correr hasta llegar a Soberao. Si alguien me vió pasar por La Vega, que lo dudo, a buen seguro que hubiese tenido tema de conjetura” ¿ a donde iría aquel rapaz corriendo como alma que lleva el diablu??
Pasé las rollas de castaño acribilladas a balazos en aquella curva del molino donde acabó la guerra Civil española una trágica y traidora noche del año 1957. Juanín, el último guerrillero antifranquista, había cerrado la última puerta de esperanza a una sociedad más justa, se había cerrado la puerta a la Democracia con un terrible portazo de muerte . ( pero yo de eso no sabría nada hasta muchos años después)
Llego al puente que se cruza para ir a Valcayo. El encargado de hacer este puente es un buen hombre que ganó unas perrucas guapas haciéndole, pero ganó algo mucho mejor: una guapa Valcayesa que comparte su vida con él en Espinilla ( Campoo) Pero me voy del tema, es que me estaba poniendo demasiado trágico. ( dato curioso : en Valcayo no se puede ver la televisión y se oye con dificultad la radio… me supongo que los móviles lo tendrán muy crudo también, qué felices deben de ser en Valcayo)
Por fin Soberao… a la casa que voy es una de las primeras del pueblo. Es un caserón pegado a la carretera que te da la impresión de que se te va a caer encima cuando pasas al lado. Llamo a la puerta…
No me da tiempo ni a saludar.
---¡¡ Jesucristu del amor hermosu¡¡¡ comu vieni esti chiquilluuu….
--- No se preocupe, señora: le traigo el calderu…
--- ¡ Qué calderu ni calderu.¡¡ pasa p´acá inmediatamenti…¡¡ Ay, Virgen santísima ¡¡ ¡¡ Ay San Antonio benditu¡¡…

Hay una cocina económica ( de leña ) a pleno rendimiento. Qué maravilla… La buena señora me obliga a quitarme la ropa y el calzado para secarlo. El hombre de la casa ofreció un “ sorbu de aguardiente” ( con buen criterio, jeje )después de consultarlo. Ella felizmente lo permitió; pero no antes de :
--- Lo primeru que se tome un caldu bien caliente pa que le asiente el estómagu… que vete tu a saber por dondi lu lleva con la mojhadura que trai. A más pa que no se li suba a la cabeza, que es mu pequeñu entávia.

Que mi agradecimiento perdura creo que lo demuestra el que pasados tantos años, no he olvidado los detalles; y en absoluto devalúa su gesto humanitario y maternal el poco feliz desarrollo que me obliga a escribir en aras de la fidelidad de la historia. Siempre que paso por Soberao miro la casa y cuento la historia a mis hijos y a mi esposa. ( la cuento más resumida ) Gracias señora de Soberao, aunque no recuerdo su nombre si recuerdo sus hechos. “ por sus hechos les conocereis”. dijo alguien.

Seco y restablecido se impone la marcha cuanto antes; es conveniente llegar a Potes antes de que se eche la noche encima. Los lobos cuando tienen hambre pierden la prudencia y bajan hasta los pueblos. Tengo constancia de haber visto lobos en Valmeo, e incluso una loba que parió en los Escobales, cerca de Valmayor. ( esa es una preciosa historia que quizás cuente algún día)

--- Buenu, me tenía que ir pa casa ya. Muchas gracias por el tratu tan buenu. Pero…
--- Si, hiju, si, ties que andar listu antes que caiga la noche. Dile a tu padri que el Lunes que viene bajharé al mercau y le pago el calderu… ahora no tengo dineru en casa.

Entendí lo que quiere decir aquello de “ se te cae el mundo encima”. Todo lo pasado había sido para nada. No se solucionaría la Nochebuena a pesar de mi esfuerzo…
Ni se me pasó por la cabeza hacer ningún tipo de reproche ni protesta. El estar formado en el sufrimiento y la abnegación me permitió encajar la contrariedad sin que la buena señora se diese cuenta; y si se dio cuenta, también ella disimuló perfectamente. Me despedí y salí corriendo para Potes. Era todo hacia abajo y ya no me estorbaba el caldero. 12 Km. para mí era una nimiedad incluso con nieve.
En mi casa jamás conté lo que había pasado en el Puentinoju. Lo relevante era que había vuelto sin los tres duros que hubiesen solucionado la cena de Nochebuena.

-- Que le vamos a hacer… nos arreglaremos como podamos – comentaría mi padre o mi madre.

No recuerdo el “menú” de aquella noche. Puede que algún gato del pueblo pagase los “platos rotos” ; no hubiera sido la primera ni la última vez. ( está mucho más exquisito que el conejo o el pollo )
Sí recuerdo que no faltó el “chiribiqui”, una especie de turrón casero que hacía mi madre y que estaba riquísimo. Nunca faltó el chiribiqui en la Nochebuena de mi casa hasta que se fueron perdiendo las buenas costumbres por culpa de la modernidad. También recuerdo que en aquella Nochebuena el imprescindible juego del “ engruñu” se jugó con demasiada prudencia. Se habían repartido pocas castañas para cada uno, y los mayores tenían ventaja por tener las manos más grandes:

n Al engruñu.
n Abre el puñu
n Sobre cuantas
n Sobre cinco
n Dame dos ( la diferencia entre las que tu aventurabas que tenía y las que había en realidad)

Aquella noche mi hermano mayor me “arruchó” todas las castañas; y después de fastidiarme un rato compartió conmigo las pocas que había. Después se cantaban canciones del folklore de Asturias y de Cantabria. Se tocaban las cucharas, la botella de anís, y si había suerte nuestro padre nos contaba un cuento. El más bonito era el de Juanito el Osu; era un verdadero artista contándoles… y mientras lo contaba los muchachos se iban adormilando como pollitos guapos y morenos…uno en el regazo de mama, dos en las rodillas de papa, allí un saco de cuerda mitigaba el frío del suelo y se tumbaban otros; los mayores ya teníamos derecho a mesa, solo entraban tres…

La felicidad, como insinuaba Pereda en sus relatos, no dependía de nada extraordinario; dependía exclusivamente de poder darse un buen atracón una o dos veces al año. Aquella Nochebuena no hubo demasiada felicidad en casa de Pepe el hojalateru; pero la vida tenía que seguir. Y lo peor era que siempre había “otro ciego” que tenía que recoger incluso los restos de nuestras miserias.

La Iglesia de Potes estaba engalanada; cientos de cirios y velas alumbran un pesebre donde decían que había nacido el Salvador de los pobres… Los responsables de Acción Católica de Potes
( Don Desi ) jamás se pararon en aquella casuca de La Solana llena de pollitos guapos y morenos, siempre esquivaba la mirada cuando pasaba con ristras de chorizos y con jamones y entraba con ellos a la mejor casa del barrio. Que su dios le premie como se merece. En mi casa hace muchos años que tenemos costumbre de comprar un buen jamón para la Navidad; y aunque no tenemos especial interés en los villancicos o zarandajas de esa índole, sí tenemos por costumbre recordar tiempos pasados.
Nosotros ya hace mucho que lo hemos superado… ellos siguen anclados en su inmoralidad “caritativa”

TU HAZME LOS POBRES Y YO HAGO LA CARIDAD.


LOS LAICOS DE AMYCO

No creo que ésta sensación de incomodidad, ante la perspectiva de integrarme de pleno derecho en una O.N.G. seglar-religiosa, la tenga yo solo; más bien pienso que hay bastantes personas que piensan como yo, aunque algunas de ellas ya están integradas plenamente a pesar de ése sentimiento. El tema es lo suficiente serio como para hacer un estudio al respecto y si las conclusiones que resultan del estudio me lleva a concretar alguna propuesta medianamente razonable, con mucho gusto y con la máxima humildad y prudencia la propondré.
LAICÍSMO: “doctrina que defiende la indepencía del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”.
El “laico” (Laikós) deriva de “laos” = pueblo y se utiliza por los Sententa para calificar al pueblo de Israel como pueblo de Dios. Su plural “laoí” define a los pueblos corrientes aparte de Israel. En el N.T. no aparece la palabra “Laikós” (los gentiles), en cambio sí aparece varías veces la palabra Klêros, (clero) y es Clemente quien utiliza el término en una carta a los Corintios dando el sentido de laicos= grupo de creyentes.
Desde el principio se establece la separación: los laicos viven fuera del templo, en el mundo, en el siglo. (de siglo proviene el término SEGLAR). La separación era sagrada y ello llevó a lógica conclusión de Urbano II (1092): “… se establecen dos formas de vivir para la iglesia, (el clero) una para sostener a los débiles en su debilidad, otra para reforzar la suerte de los fuertes…” .( Mt. 25 – 28,29,30)
Pero la problemática de la relación entre la Iglesia y los laicos proviene desde mucho antes; en los libros de los hechos de los Apóstoles ya se determina el lugar que le corresponde a cada uno: (Hech. 5) Ananias y Safira pagan con su vida el intentar salirse de las normas establecidas. El debate de Pablo de Tarso con Santiago en el primer Concilio de Jerusalem entra de lleno en la problemática; Pablo sale victorioso de aquel Concilio y se acuerda que sí, que la salvación también es para los gentiles. (además de que se gana por la fe en la obra de Jesucristo en la cruz) Pero con ciertas condiciones: (2Co.10,6) “…doblegando todo pensamiento a la obediencia de Cristo, prontos a castigar toda desobediencia y a reduciros a la perfecta obediencia”.
La relación Iglesia-laicos se puede considerar irregular en el transcurso de los tiempos, llegando a ser traumática en algunas épocas; así en la baja edad media renace la tendencia de los laicos a independizarse de la tutela de la Iglesia, aunque la solución que proponen no parece la mejor posible: la Monarquía Feudal es, por utilizar un término coloquial, salir de Guatemala para entrar en Guatepeor. Enrique IV, Federico Barbarroja, o Felipe el Hermoso fueron algunos de sus máximos representantes.
En el Renacimiento el laicismo adquirió mucha fuerza, y encontró un buen apoyo en el Protestantismo que reconoce a los fieles como los verdaderos sacerdotes. En el siglo XIX se agudiza aún más ( sobre todo en Francia) la pugna entre los Estados laicos y la Iglesia; pero llega el siglo XX y los Estados totalitarios. El término laico pierde su sentido polémico, puesto que la connivencia entre Iglesia-Estado es absoluta y lo único que resta hacer es dar pautas de comportamiento a los laicos para que sean útiles a la iglesia. ( volvemos al punto de partida con Ananias y Safira.)
La Iglesia echa mano de sus herramientas y nos muestra con el mayor desparpajo ( Gal. 3—26,27) “Todos sois, pues, hijos de Dios por la fe en Cristo.---puesto que cuantos en Cristo habeis sido bautizados, os habeis vestido de Cristo.” Pero no nos dicen a qué edad nos bautizaron, las consecuencias sociales que hubiera tenido no haberlo hecho, ni las dificultades insalvables que se ponen por si alguien quisiera deshacer lo que hicieron sin su permiso.







El sentido común nos dicta que si asumimos como válidas las enseñanzas de Pablo en su carta a los Gálatas, nosotros, los laicos bautizados, tenemos que ser guiados por nuestros “pastores”; y ellos se sienten en la “santa obligación” de guiarnos, exortarnos, canalizar nuestros razonamientos humanos hacia el único fin verdadero: conseguir la verdadera sabiduría y el conocimiento de Dios a través de la fe. Ya lo decía Agustín de Hipona en su tratado “ De doctrina christiana: omnibus rebus est anteponendus” (se ha de anteponer a todas las demás cosas), (el temor de Dios es el principio de la sabiduría)
En la carta a los Romanos ( Rom. 12- 4,5) nos aclara lo que se entiende por el cuerpo místico de la Iglesia: “pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo; pero cada miembro está al servicio de los otros miembros.” Ya solo falta regular y colocar a cada uno donde le corresponde sin olvidarse de las conclusiones a las que llegó Urbano II en el año 1092, ni la sagrada separación entre Klêros y Laoí.
El laicado es considerado como una prolongación de la jerarquía eclesiástica dentro del mundo, en el siglo .( seglares) León XIII y sobre todo PioXII exortan a los laicos a tomar parte activa en la sociedad a través de la Iglesia. ( encíclica Mediator Dei) A los laicos se les considera tan integrados que, por primera vez, son dignos de ser nombrados en el encabezamiento de una encíclica: 1943 Pio XII dirige su Enc. Divino anfflante Spíritu, además de a los preceptivos Patriarcas, Obispos, etc. a “todos los fieles cristianos del orbe”. Con el terreno perfectamente abonado y propicio llegamos al Concilio Vaticano II, y sin pensárselo dos veces nos espetan: “ el carácter secular es propio y peculiar de los laicos”; pero cuidado: “ los sagrados pastores…. encárguenles, con confianza, tareas en servicio de la Iglesia…..consideren atentamente en Cristo, con amor de padres, las iniciativas, las peticiones y los deseos propuestos por los laicos…..De este trato familiar entre laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia”. (Doc. del Concilio Vaticano II )
Quisiera pensar que poco, o nada, me importaría quien maneje la situación, si al fin y al cabo la meta que se persigue entre todos está en consonancia con mi modo de interpretar la justicia social y la solidaridad en el mundo; pero nuevamente me sorprende el uso que se hace con el trabajo de los laicos: “A éstos envió Cristo, primero a los hijos de Israel, luego a todas las gentes para que con la potestad que les entregaba, hiciesen discípulos suyos a todos los pueblos, los santificasen y gobernasen”. No me gustaría saber que cualquier tipo de ayuda en la que yo haya contribuido ha servido para influir en la gobernabilidad de algún país. A los países se debe de ir para ayudar, no para gobernarles.
En un último esfuerzo de buena voluntad trato de engañarme pensando que todo esto está muy lejano ya y que actualmente las cosas han cambiado, o al menos hay síntomas de que las cosas no están tan dogmáticas; qué iluso….
La última encíclica que he leído, dirigida a los Obispos con motivo del eterno debate entre la razón ( laicos) y la fe ( clero) disipa todas mis dudas al respecto: “ Se confirma una vez más la armonía fundamental del conocimiento filosófico y el de la fe : la fe requiere que su objetivo sea comprendido con la ayuda de la razón; la razón, en el culmen de su búsqueda, admite como necesario lo que la fe le presenta”.( Juan PabloII en la encíclica Fides et ratio) No estoy seguro de que los filósofos modernos piensen lo mismo; los antiguos seguro que no, salvo los que empiezan por SAN.
Me reconozco hombre de ninguna fe, si hablamos de la fe teológica y dogmática con la que han saturado nuestras mentes; y confieso que me gusta razonar e intentar llegar al fondo de las cosas; quizás por eso me cuesta comprender a las personas que parecen tener una inteligencia suficiente y sin embargo tragan ruedas de molino, tragan humo, tragan ignorancia sin ningún atisbo de rebeldía. ¿Tan domesticadas han quedado nuestras mentes?



CONCLUSION:



Queda claro que bajo el prisma que se mira la relación laicos-clero, (no he cumplido las recomendaciones de Benedicto XV en su Spíritus Paráclitus a quien se acerque a las fuentes divinas: “pía mente, firma fidae, humili ánimo et voluntatae proficiendi”) y teniendo en cuenta que no se vislumbra un cambio a corto plazo por ninguna de las partes, me resulta muy difícil hacerme socio en una organización que se confiesa seglar en el sentido clerical del término. Sin embargo, como sí tengo fe en las personas, también en las que visten hábitos clericales, y no deseo estar privado de la oportunidad de poder hacer algo por los demás, no quiero quedarme descolgado de lo que significa AMYCO; por ello deseo formular la siguiente



PROPUESTA:

Hacer una clara diferenciación de las distintas corrientes que pueden formar el cuerpo integral de AMYCO incorporándolo en sus Estatutos.


Pueden denominarse: a/ clericales
,b/ seglares
,c/ cívicas (laicos en el sentido independiente del clero)

Cada corriente puede y debe presentar sus propios proyectos que serán supervisados y admitidos o rechazados por la dirección de AMYCO. Cada miembro elegirá libremente la corriente a la que desea pertenecer.
 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
 
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